Han pasado casi cuatro meses desde la última vez que me senté a escribir en este espacio que creé con tanto cariño. Un lugar pensado para compartir aprendizajes, caídas, levantadas y esos pequeños hábitos que me ayudan a atravesar tanto los vientos huracanados como los días de absoluta calma.
Este 2026 quiero iniciarlo saludándote y deseándote un año próspero.
El año que quedó atrás me dejó muchas lecciones, pero hubo una frase que se convirtió en compañía diaria. La tomé de una mentora y me la repetí seguidas veces:
“Si Dios ha placido levantarme cada día, entonces en mi vida todo va bien.”
Cuando todo parece incierto, esta verdad se vuelve ancla. Respirarla cada mañana me recuerda que estar de pie ya es una señal de gracia, de oportunidad y de propósito. Por eso quiero traerla conmigo durante este nuevo año.
Si esta nota te apareció, no es casualidad, es un recordatorio de ver la vida con más gratitud, con fe y con la esperanza. Si hoy estás aquí, leyendo estas líneas, es porque algo bueno sigue gestándose para ti. No te desanimes. Hay belleza esperando ser descubierta.
Quiero dejarte algunas promesas que Dios te quiere decir hoy:
- Dios promete darte paz (Juan 14:27).
- Dios promete consolarte en todas tus tribulaciones (2 Corintios 1:3-4).
- Dios promete darte descanso cuando estés cansado y cargado (Mateo 11:28-30).
Que este año nos encuentre agradeciendo incluso lo pequeño. Porque a veces, estar de pie ya es el milagro. Déjame saber en los comentarios cómo iniciaste el año.
Con cariño, Lina

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